Trazos de presente

Encontrarse por azar del destino, mirarse, sorprenderse por la belleza que el otro alberga en su exterior o en el interior. Guardar esa imagen, esa fotografía de una persona ya no tan desconocida, pasarla una y mil veces por la memoria. Recordar el encuentro. Decidir si todo se quedará como una mera casualidad o darle paso a la tan temida cercanía de los cuerpos. Claro, si es por consenso. Irse conociendo poco a poco. Guardar canciones, letras, aromas y pequeñas pistas que guíen al cerebro hacia el enamoramiento. Irse aferrando al recuerdo de la otra persona...

Mi encuentro contigo fue algo parecido a eso, con la pequeña diferencia de que fue más complicado. Los amores verdaderos no están diseñados para ser simples, ¿o sí?

Verte ir y venir, a veces por elección mía, a veces porque la vida nos reunía -como insistiendo en que nos quedáramos juntos-. Encuentros y desencuentros. Querernos y alejarnos por orgullo. Algo así va el relato protagonizado por nuestros nombres.

Entonces: la intervención de terceros. Un pasado de estorbo, personajes fuera de lugar tratando de tachar nuestros papeles en la historia, miedos, prejuicios e intentos frustrados de amor pero un cariño sincero siempre presente... Y eso fuimos por casi ocho meses.

Ahora: un hombre maduro digno de admirar en múltiples sentidos, una joven que va en busca de su camino, ambos unidos por un lazo de amor que no ha podido romperse a pesar de los tropiezos. ¿Seremos amor? ¿Llegaremos a convertirnos en un "para siempre"? Quién sabe, las letras no predicen el futuro... La única forma que tenemos de averiguarlo es intentar quedarnos juntos -más que antes, más que nunca- y ver qué pasará con nosotros. Solo nos queda ser como un par de pinceles que, poco a poco, se vayan abriendo paso por el camino del destino, formando la obra de arte que nos toque ser, el tipo de amor que nos toque ser.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Surgiendo en el silencio

Fin de la existencia

Bitácora: Lágrimas ahogadas