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Mostrando entradas de junio, 2016

Bitácora: Regreso del ser

Ciertamente, no pedí que llegaras a mi vida con aquel café de tarde de miércoles. No pedí que me hicieras tuya aquella madrugada, marcándome para siempre y sin retorno. No pedí que me vinieras a complicar la existencia de la forma más irracional y pasional posible. Nunca pedí que fueras tú…
No sé qué es lo que nos toca; que te quedés, que te vayás, que me quede, que me vaya. No lo sé. Sé que no te deseé nunca y que ahora te deseo como nunca. Sé que no quiero perderte y que quiero embriagarme de ti cada día, cada noche. Sé que no me importa el mundo, porque ahora mi base central de operación es tu cuerpo. Sé que no me interesa nadie más porque para mí después de vos no existe nadie. No se existe sin amarte, solo y exclusivamente a vos.

Sé que nunca te esperé, que me llegaste de golpe y en seco, y que quiero que habités en este mundo, mi mundo, por hoy, por mañana, por siempre…

Llegada en una tarde de mayo

Pasan cientos de personas
por nuestras vidas,
nos marcan con cicatrices o recuerdos.
Pero son pocas quienes llegan
para quedarse por siempre. Pasaste por aquí un día de mayo.
En la calidez de tu rostro
vi el reflejo del futuro tan esperado.
Te miré y deseé que fueras verdad,
que tu mirada y tú sonrisa no fueran efímeras;
contemplé en ti
todo lo que siempre había añorado. Pasaste luego, en junio,
para anunciar tu mudanza,
te quedarías a vivir en mi alma.
Harías de mí lo que quisieras,
ahora ya no era yo en lo individual,
ahora éramos plural.
Te mudaste para acaparar todo de mí,
en mi corazón, mi silencio y mi almohada. Eras tú, siempre habías sido tú
ese por quién lloraba en las noches,
a quién ansiaba cada tarde de domingo,
ese que mi piel pedía a gritos...
Ese eras tú quien pensé que nunca llegaría,
quien no existía en mi cabeza...
Eras tú, y por fin estabas aquí.