Fin de la existencia

Fue entonces que me di cuenta,
no me amabas
quizás
nunca lo habias hecho.

Tres años después me percaté,
con el dolor que me causaste
y la sangre que vi correr
sobre mi cuerpo,
de que no fui más que
un juego
el mejor medio de entretenimiento
para tu frívola sed de venganza.

Cobraron sentido todos los regaños,
las veces que mis amigas te juzgaron,
las veces que mis padres me prohibieron verte,
las veces que me pidieron que te dejara
y las veces que no lo hice.

Todo se acumuló.
El mal no busca más que
oscuridad abismal,
el bien no repara hasta hallar
luz y paz.

A ti no te bastaron
las lágrimas,
no te fueron suficientes
los gritos,
querías ver
dolor y cicatrices.

A mí no me bastaron
los rechazos,
no me calmé al ver que
te alejabas,
anhelaba tus
regresos eventuales
y la forma en que
jugabas conmigo
como si fuésemos reales.

Entonces, con el mar de emociones
mezclado con tu infierno de resentimiento,
volviste
por última vez
para acabar conmigo
de una vez por todas.

Y te digo, en medio de
la agonía y del trauma ocasionado, que
me mataste y te moriste.
Tu vacío nos absorbió,
nos redujo a menos que cenizas.

Ya no existes,
ni yo contigo.
No te quiero,
no te amo,
no me dueles,
no te lloro,
no te extraño.

Ya no existes.



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