Llegada en una tarde de mayo

Pasan cientos de personas
por nuestras vidas,
nos marcan con cicatrices o recuerdos.
Pero son pocas quienes llegan
para quedarse por siempre.

Pasaste por aquí un día de mayo.
En la calidez de tu rostro
vi el reflejo del futuro tan esperado.
Te miré y deseé que fueras verdad,
que tu mirada y tú sonrisa no fueran efímeras;
contemplé en ti
todo lo que siempre había añorado.

Pasaste luego, en junio,
para anunciar tu mudanza,
te quedarías a vivir en mi alma.
Harías de mí lo que quisieras,
ahora ya no era yo en lo individual,
ahora éramos plural.
Te mudaste para acaparar todo de mí,
en mi corazón, mi silencio y mi almohada.

Eras tú, siempre habías sido tú
ese por quién lloraba en las noches,
a quién ansiaba cada tarde de domingo,
ese que mi piel pedía a gritos...
Ese eras tú quien pensé que nunca llegaría,
quien no existía en mi cabeza...
Eras tú, y por fin estabas aquí.

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